martes, 7 de noviembre de 2023

La Constitución anti familia de Beatriz Hevia

 

En la entrega del texto constitucional al Presidente Gabriel Boric, quien comandara a los consejeros constitucionales hasta el día de hoy, su presidenta, Beatriz Hevia, hizo un discurso lleno de certezas sobre sus ideas y sobre lo que, según ella cree, garantiza la Constitución que se plebiscita en diciembre.

Como nos tenía acostumbrados, Hevia nuevamente habló de la crisis de la familia y de la moral que, a su entender, vive Chile. Según señaló, este texto tendría en su centro al ciudadano, al que el Estado debe servir. También dijo, a propósito de un incendio de un campamento de inmigrantes en la comuna de Coronel, que "no se debe seguir haciendo lo mismo" en materia de política. 

Era extraño. Era como si todo lo que dijera fuera en contra del texto que ella legítimamente defiende. Como si cada una de las cuestiones que afirmaba se deshiciera entre las manos cuando uno lee un poco documento escrito en estos últimos meses.

Porque, ¿qué certeza tiene el ciudadano ante un Estado que lo que más hace, según lo escrito, es garantizar la misma lógica de pensiones en la cual no existe mayor resguardo social que depender de la manera en que funciona el mercado laboral? ¿Qué seguridad tiene un sistema educativo que reafirma la idea de que los padres tendrían casi una superioridad divina por sobre sus hijos, su futuro y su educación, sin importar que ésta sea impartida por establecimientos sin mayor regulación o requisitos para ser creados? ¿Fortalece esto a la familia que ella dice defender? ¿Hace posible esa "libertad" de la que tanto hablan? Son buenas preguntas. 

Si la cancha en la que se despliega la vida de las familias y del sujeto sigue teniendo cimientos frágiles como los que tiene hoy en día, lo cierto es que esa "libertad ciudadana" nunca será tal (aunque es claro que, filosóficamente hablando, la libertad es siempre relativa). 

Si no hay más seguridad que la propia subsistencia, lo concreto es que el trayecto vital del ciudadano seguirá siendo una linda suposición de Carlos Peña en sus columnas dominicales. Porque toda mínima coexistencia en sociedad requiere de una seguridad compartida institucionalmente. No hay ciudadano sin sociedad y no hay sociedad sin una construcción simbólica y material que pueda contenerla.

Todo lo escuchado de la boca de la joven abogada, deja en claro que se sentaron con una idea preconcebida a escribir el texto. Lo hicieron con muchas certezas sobre las últimas décadas de funcionamiento democrático del país y su tono-el de una grabadora que repite consignas que intentan no serlo- dice tanto como el contenido de sus palabras.

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